VII.

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Para las superficies del proyecto que quedaban al descubierto decidí plantear una celosía metálica que envolviera por completo el volumen. Buscaba un color, una escala y una geometría concreta para producir los efectos visuales que pretendía tanto desde el exterior como desde el interior. Necesitaba saber cómo se construiría todo ese sistema y hasta qué punto sería factible en la realidad. Así que fui a hablar con un herrero de la construcción de confianza.

El almacén no era ni muy grande ni tampoco muy pequeño. Estaba lleno de piezas apoyadas por los rincones esperando ser recogidas para llevar a obra y no se podía oír nada salvo el molesto ruido de las máquinas que trabajan el acero. Reunía todos los tópicos de taller, no le faltaba ni el póster de la interviú de 1995 en la garita de la oficina.

Nos reunimos en el despacho y le plantee lo que iba buscando. Me ayudé de los planos, las plantas y las secciones y de esquemas que tenía de la pieza especial que buscaba. Le di medidas y repeticiones y él me explicó cómo se hacía eso en el material que trabajaba. Me contó cómo se unían las piezas en función del tipo de perfilería, de entramado o motivo que quisiese, que dimensiones serían las óptimas para que todos los paños quedasen iguales y realizar una modulación que quedase uniforme.

Conforme le iba formulando mis preguntas, él me respondía de forma que me surgían cuestiones que hasta ahora no me planteaba. De la misma forma en algunas ocasiones yo le intentaba mostrar mi idea, esbozando delante de él o buscando ejemplos en otros materiales para que lo pudiera visualizar, y me decía que eso no era posible o que saldría carísimo. Callaba unos segundos y me contestaba: “Bueno sí se puede, si se plantea y se configura correctamente se podría estandarizar y fabricar mediante métodos comunes.”

Me dio las claves para una modulación económica y funcional que me proporcionaba el camuflaje y la protección que yo tenía en mente, pero en muchos sentidos su conocimiento cambió mi idea preconcebida. Resolviendo los problemas que nos iban surgiendo a ambos en nuestro mutuo entendimiento planteamos un prototipo con posibilidad de construcción fuera del papel.

Además de la conversación, me mostró como los trabajadores soldaban el material y me dijo una frase que consiguió convencerme, porque él mismo la defendía con fuerza: “SE PUEDE HACER DE TODO CON ACERO”. Habrán muchas opiniones sobre lo que dijo, pero se podía ver el entusiasmo y el orgullo que tenía el hombre por su trabajo, a pesar de llevar tantos años con el mismo material.

El recorrido también me sirvió para ver su espacio artesanal de trabajo. La mesa para soldar; la organización de las piezas por tipo, perfil, acabado y tamaño; la zona de almacenaje con las herramientas; y bueno, los pósters y demás personalizaciones del espacio de cada trabajador. Cómo en aquel caos de suciedad, grasa y hombres trabajando con la radio a máximo volumen, también existe una organización y una diferenciación de espacios por tareas o procedimientos. De forma planificada o espontánea.

Creo que no escogí el material que debía, que el camino que tomé no fue el más acertado, pero después de todo tampoco lo consideraría una pérdida de trabajo, aunque sí que necesito enderezar mis ideas y opciones y tomar otro tipo de decisiones mejor encaminadas.

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