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En la actualidad, se tiende a dar mayor importancia a los espacios para colaboración grupal, algo favorable ya que evidencia que las empresas son cada vez más conscientes del cambio de la economía y de la conveniencia de trabajar en entornos dinámicos. Esta investigación parte de la idea de que la estandarización y la inflexibilidad del lugar asignado al trabajador en los centros de trabajo, siguiendo los modelos actuales de organización, oprime la capacidad de llegar a conocer y desarrollar sus propias habilidades.

El propósito es el de entender cómo se proyecta el espacio en el que los trabajadores han de realizar su tarea individualmente y qué actividades se producirán en él que propicien ese desarrollo desde la experiencia, dando por supuesto en todo momento que la persona, utilizando su libre albedrío, adapta y personaliza el volumen a sus propias necesidades en cada ocasión.

La investigación se ha desarrollado en dos líneas. Una primera, estudiando los modelos de oficinas que se utilizan en la actualidad en empresas de alto valor creativo, y una segunda en la que se han analizado los estudios-talleres de profesionales del ámbito artístico y artesanal.

Las conclusiones que se extraen de esta investigación son que centrándonos en la función original y legítima del centro de trabajo, que es la de trabajar, el espacio primordial al que atender es el asignado a cada uno de los empleados; la necesidad de la desaparición de los formatos y materiales estandarizados; que la ininterrumpida corrección y crítica de uno mismo es un paso hacia el conocimiento de nuestras limitaciones y una herramienta para la superación de los errores; y finalmente, que la nueva relación entre elementos en el recinto, y que causa el desorden de los elementos en el espacio, nos conduce a mejorar nuestra capacidad de diseñar creativamente y de forma novedosa.

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El propósito de este estudio es el de conocer cómo invadimos el espacio al desarrollar nuestras actividades profesionales. Esta conquista del lugar en el que trabajamos resulta interesante desde la condición del individuo: no nos movemos de la misma forma, no seguimos los mismos procedimientos de creación. La búsqueda del espacio propio, la individualidad al afrontar una tarea, es lo que me ha llevado a plantearme si los modelos de organización laboral actuales son los idóneos.

Se tiende a ceder un porcentaje mayor del espacio para colaboración grupal, algo favorable ya que evidencia que las empresas son cada vez más conscientes del cambio de la economía y de la conveniencia de trabajar en entornos dinámicos. Sin embargo considero que esta discriminación positiva del colectivo oprime la capacidad de llegar a conocer y desarrollar nuestras propias posibilidades.

Muchas veces caemos en los grupos dejándonos llevar y convirtiéndonos en meras herramientas sin reconocimiento fuera de ellos.

Para conocer cómo otras personas experimentan su condición de individuos al trabajar me he centrado en artistas y otros profesionales creativos y en su forma de manipular, personalizar sus estudios. Además probé mi propia visión en el espacio determinado en el que habito y trabajo, combinando funciones como dormir, dibujar o cambiarme.

Así me he encontrado con que la modificación de los límites viene dada por las actividades y movimientos que se realizan y que el espacio no puede separarse en una programación establecida, sino que el trabajo y lo doméstico acaban produciéndose en simultaneidad. También que la desaparición de los formatos y materiales estandarizados en el proceso y la ininterrumpida revisión del material elaborado son acciones que impulsan el aprendizaje personal.

Estas conclusiones podrían ser aplicables en centros laborales, de manera que se pueda compaginar la libertad de identificarse desde el espacio y las ideas propias. Así se formarían equipos en los que los miembros integrantes tendrían un pensamiento característico, equipos imposibles de reproducir.

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El propósito de este proyecto casa_taller es conocer cómo nos movemos, atacamos los espacios en la realización de actividades profesionales. Esta lucha sobre conquistar o ser conquistado por tu lugar de trabajo resulta interesante analizándola desde la condición de persona: la invasión del taller o de que éste tome parte de la obra. Esa búsqueda del espacio propio, la individualidad afrontando una tarea, es lo que me ha llevado a desarrollar esta investigación.

La organización actual tiende a ceder un porcentaje mayor del espacio para colaboración grupal, algo favorable ya que evidencia el cambio de la economía y de la conveniencia de tener entorno dinámico. Sin embargo considero que esta discriminación positiva del colectivo oprime nuestra capacidad de trabajar individualmente.

En la casa no existe el “grupo”. Este problema aparece sustituido por los condicionantes de soledad y aislamiento. Planteamientos que implican la ininterrumpida inmersión en la labor y la exposición de los resultados.

Para el estudio he rastreado personas del entorno profesional de la pintura y ver su condición de individuos. Además experimento mi propia visión en el volumen determinado en el que habito, en la combinación de funciones como dormir, dibujar o cambiarme.

Así he encontrado que este espacio no puede separarse en una programación establecida: las actividades acaban entrelazándose y produciéndose en simultaneidad. También que esta constante revisión impulsa el crecimiento de la persona según su aprendido entendimiento.

Estas aportaciones podrían introducirse en la nueva distribución de los centros laborales, compaginando la libertad de identificarse desde su espacio, en los equipos en los que participa.