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El hecho de que en la actualidad es necesario el trabajar en el marco de una comunidad que gira en torno a los mismos intereses, colaborando en grupos o sociedades en las que se busca el crecimiento mutuo de forma que el individuo aporta y recibe de vuelta impulsos para seguir produciendo ha producido el descarte del modelo clásico de profesional  en su centro de trabajo, experimentando en soledad al margen de la sociedad y de las razones por las que se mueve. Eso parece que se entiende. Por consecuencia directa, los espacios de trabajo, oficinas, talleres y estudios empiezan a organizarse de forma que valores como colectivo o grupal predominan en la escena.

Pero, ¿hasta qué punto esta identidad colectiva que se lleva gran parte del espacio del estudio beneficia o perjudica al trabajo de los individuos involucrados?

Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste en su artículo Espacios de concentración, publicado en su plataforma ¿btbW/Architecture, hablan de cómo se organizan el espacio diferentes personajes de la arquitectura. Por un lado trata a Yona Friendman y Atelier Bow-Wow entre otros; ejemplos de formas un tanto caóticas y flexibles de organización (el orden dentro del caos) en el que los estudios y los talleres de experimentación se convierten en un espacio híbrido en el que se desarrolla el pensar y la producción simultáneamente. Lugares en los que a pesar de tener una alta carga de grupo, disponen de la libertad de identificarse individualmente.

En el artículo describen a Friedman como un arquitecto “cuya alma es un escritorio donde lo apilado representa el momento presente”, afirmación que se puede confirmar viendo las numerosas actuaciones que produce en el interior de su apartamento. Para Atelier Bow-Wow incluso se introduce la carga de vivienda a ese espacio.

Durante una reciente conferencia de la arquitecta María José Marcos, contó como su aula_estudio de la asignatura de proyectos que imparte en Korea del norte los alumnos conviven durante las jornadas de trabajo, convirtiéndolo en su propia vivienda en esos períodos (dormían, comían, etc.).

Por otro lado tenemos a Alvar Aalto, UN Studio o SOM: oficinas de “funcionalidad racional”, eficientes o estructuradas jerárquicamente. Áreas grupales imponentes y exitosas pero que acotan el espacio dedicado a los proyectos personales.

La clave al fin y al cabo son los m2. Foster and Partners en colaboración con Steelcase han creado una nueva línea de mobiliario de oficina en la que defienden la libertad de movimiento y flexibilidad de modificación de espacio individual a colectivo y viceversa. Esto se reduce a una serie modulada que no parece ser diferente a lo que ya decía Wright en el edificio Larkin nada más entrar en el siglo XX. *

 

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